WE ARE NOT PENELOPE. SOBRE LA FIDELIDAD

La pregunta de dónde nace el proyecto es: ¿Qué es la fidelidad? Para intentar responder, elegimos el mito de Penélope, la mujer de Ulises, que durante veinte años pago con su piel el precio de la fidelidad hasta tal punto que quedó incrustada en su propio sacrificio. Definida sólo por eso, Penélope deja de ser mujer y madre en virtud de la engorrosa presencia de un hombre ausente.
Somos tres artistas que venimos de diferentes ciudades al sur de Europa. Una de las cosas que conecta a estos tres países latinos y del sur de Europa es una educación católica y valores que están arraigados en cada detalle de nuestra vida cotidiana. Esta fuerte guía en estas tres sociedades, no tan diferentes, nos hace profundizar el concepto – fidelidad.
¿Cómo funciona esto en cada uno de nosotros, en cada país donde hemos sido criados, en la familia en la cual crecimos?
¿Funcionaría para nosotros, como Penélope, esperar a nuestro «Ulises» durante 40 años?

¿Cuales son los límites? ¿Las barreras?

¿La situación geográfica influye en nuestra idea de amor?

¿Qué es el amor hoy en día?

¿Cómo funciona la palabra fidelidad actualmente?

¿Es diferente después de la segunda guerra mundial?

¿Después de internet?

¿Después del 11 de septiembre?

¿Después de Tinder y Grindr?

¿Penélope esperaría a Ulises si naciera en la década de 1980?

¿Volvería a hacer y deshacer su tapiz todos los días?

¿Se «comportaría» de una manera diferente si fuera portuguesa, española o italiana?

¿A quién somos incondicionalmente fieles?

¿Eso incluso existe?

¿El único sistema de fidelidad posible reconocido por nuestra sociedad es el de la pareja monógama?

La premisa es que el mito de Penélope siempre se presenta como una prerrogativa femenina. El trabajo tiene como objetivo subvertir esta separación entre masculino y femenino que amplifica el eterno juego mortal donde los amantes se persiguen unos a otros, aplastados por este mito de la fidelidad: un ideal que nunca puede existir sino a través de la misma muerte de ese amor.
Y entonces, esos cuerpo solo serán fieles al morir, podrán amarse, libres de cada prerrogativa de género. Y los hombres también serán mujeres. Y las mujeres también hombres. Simplemente serán dos cuerpos que se están buscando.
La acción escénica asume así el valor de un ritual que coloca a los amantes dentro de un «no lugar» que se convierte en espacio sagrado: el único donde el mito mismo puede existir y puede generar nuevas respuestas. Pero si los amantes tienen siempre un destino trágico que para permanecer vivo debe transformarse en un ritual sin fin, la respuesta se radica en la misma destrucción del concepto de fidelidad y en la capacidad de generar, incluso por el dolor, otro amor. Pero al lado de esta posibilidad existe su opuesto, es decir, la incapacidad del amor de soportar el peso de la traición, entendida de acuerdo con múltiples significados. La figura de referencia es Ofelia de Hamlet que está aquí dividida y se muestra en su esencia: la quema de un amor inconsciente en un cuerpo ya muerto.
La performance art, que desde de los años’ 60 ha revolucionado la manera de concebir la relación entre artista y sociedad, es el terreno en que se reduce el artificio escénico para entregar a la colectividad la detonación interior de un individuo – el performer – que ‘vomita’, en la esfera pública, algunos de sus más significativos conflictos, mediante una exposición personal y total.
En WE ARE NOT PENÉLOPE – Sobre la fidelidad el cuerpo -¿masculino?- de los tres performer, se convierte en el lugar donde hacer explotar la condición no genérica, acercando el modelo arquetípico del teatro mismo – la tragedia – a la performance. Reconociendo en el cuerpo su función de elemento original del ritual de sacrificio ancestral, se llega a nuevas posibilidades de autodeterminación incluso mediante elementos actuales como audio experimental, video creación y artes plásticas, que no se limitan a ser solo objetos escenográficos, pues llegan a tener la misma importancia de los cuerpos ritualizados. Además de esto, 
permanece la exigencia de quedarse anclados en las palabras, que fluyen feroces como para atajar las heridas de un cuerpo consumido: en busca de nuevas posibilidades de la existencia del mito.
La historia de Penélope se convierte en el vehículo por la cual volver a actualizar y desacralizar las interrogación de hoy y de siempre.

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